Recurramos a la historia que hay detrás de las palabras para discernir su significado. Para comprender el vocablo perro, por ejemplo, debemos remontarnos a muchos siglos atrás. Al principio, los perros eran lobos que vivían en manadas. Luego, muchos de ellos, dejando sus grupos, se fueron acercando al hombre. El primer encuentro entre ambos estuvo marcado por la conveniencia: El lobo se aproximó a los campamentos para comer las sobras, y el hombre aceptó al lobo para que lo ayudara en sus tareas. Más adelante, comenzaron a ir juntos a cazar y compartieron momentos muy significativos que los llevó a una mayor profundidad en su relación, pasando luego a convirtirse en un gran compañerismo que se fue impregnando de amor.
Con el correr de los tiempos el lobo se fue transformando en un animal doméstico. Obviamente, fue un larguísimo proceso. La evolución de la especie llevó siglos para dar como resultado al perro como lo conocemos hoy en día.
Algunos dicen que al lobo se lo comenzó a llamar perro como resultado del sonido prrr con que los pastores llamaban a los canes que los ayudaban en el trabajo. Otros la consideran una palabra de origen incierto. Y el vocablo can, proviene del latín canis, de uso poco frecuente en el idioma español.
Hace ya varios años, no sé precisar cuántos, se ha comenzado a usar otra palabra para referirse al perro. Tuvo un tímido comienzo y luego fue instalándose poco poco en la sociedad como una forma de mencionar al perro, pero también al gato y a cualquier otro animal doméstico que podamos imaginar. Esta palabra es mascota.
¿Pero qué significa, en realidad, mascota? Por lo general, se la usa como traducción de la palabra inglesa pet. Veamos el significado de cada una de ellas. Recurriendo al diccionario (que dicho sea de paso, "no muerde" y es bueno que lo usemos frecuentemente), vemos que el significado de pet es favorito, amorcito, mimado. Si buscamos el vocablo mascota, nos encontramos con algo totalmente diferente: mascota proviene del francés mascotte que significa amuleto y éste viene del occitano mascota que quiere decir embrujo, hechizo. Al mismo tiempo, esta palabra deriva de otra de origen germánico o celta, que es masca y significa bruja.
Como podemos observar, existe una enorme distancia entre pet y mascota. Yo, personalmente, me inclino sin dudas por la primera. No puedo imaginar a esas dulces criaturas que son nuestros perros y gatos como producto del hechizo de una bruja. En cambio el primer vocablo representa realmente lo que por lo general sentimos por ellos, que son nuestros mimados, nuestros amorcitos.
De todos modos, para nosotros, los de habla hispana, no está mal que hablemos en nuestro idioma y llamemos a las cosas, y a los animales, por su nombre. El perro es y será perro. Después vienen, por supuesto la cantidad innumerable de apodos tiernos que ellos nos inspiran.
No es fácil desarraigar costumbres cuando éstas se encuentras enquistadas socialmente y son de uso tan frecuente. Pero no estaría nada mal que tratemos de corregirnos a nosotros mismos en nuestro hablar cotidiano y que se lo enseñáramos a los niños. Tratemos de no nombrar a nuestros animales con esa palabra que no representa en absoluto lo que ellos realmente son para nosotros.
Cuando yo miro a mi perra, o a cualquier otro perro, de un vecino, de un amigo, por la calle, cuando los veo moverse, jugar, comer, dormir, cuando toman agua, cuando se interrelacionan... en fin, cuando hacen su vida de perros, me inunda una gran ternura y, realmente no puedo dejar de pensar que, en contraposición al hechizo, son el producto de un milagro; y en vez de una bruja, detrás de cada uno de ellos veo la presencia etérea y suave de un ángel guardián que los cuida y que les confiere ese don maravilloso del amor que sólo ellos saben expresar, a su manera perruna, por supuesto.
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lunes, 13 de julio de 2009
miércoles, 11 de febrero de 2009
Perros, hombres y lobos
Fue hace muchos siglos atrás cuando se produjo el primer encuentro entre el hombre y el lobo. Ambos vivían en grupos, ambos eran cazadores, ambos eran sociables por naturaleza, ambos se necesitaban.
Los hombres tenían sus asentamientos y los lobos merodeaban en los alrededores. Un día decidieron ir a cazar juntos. La cosa funcionó perfectamente. Otro día volvieron a ir, y otro día más... Compartían lo que cazaban. Se sentían bien juntos, ambos disfrutaban de la vida social... Después, cada uno se quedaba en su casa.
...Y así pasaron años y años y más años. Cada vez se iban entendiendo más. Cuando iban a cazar cada uno cumplía su rol a la perfección. A veces no hacía falta más que... no digo mirarse... ni eso siquiera. Solamente sintiendo al otro que estaba allí ya sabía cada uno qué debía hacer, cuándo y cómo. Formaban un dúo perfecto.
Y así fue como hombre y lobo constituyeron un excelente equipo de trabajo. El más fuerte dominó sobre el más débil, pero no por prepotencia, sino por medio del compañerismo, la solidaridad y el entendimiento mutuo.
Y al fin algunos lobos comenzaron a vivir en el campamento con los hombres. Tal vez al comienzo, las mujeres adoptaron cachorros y los criaron, y jugaban junto con sus niños. Con el paso del tiempo, y mediante el amansamiento de los lobos que se criaban con los hombres, se produjo la domesticación. Tengamos en cuenta que un animal se puede amansar, pero la domesticación de una especie es un proceso genético que lleva años.
Tras la domesticación vino el compartir otras tareas, no sólo la cacería, sino también la vigilancia del hogar, el pastoreo y otros trabajos más. Algunos dicen que que se lo comenzó a llamar perro durante el trabajo. Los pastores llamaban a los canidos que cuidaban a las ovejas con el sonido prrr , y de ahí se cree que proviene la palabra perro. Creo que la metamorfosis de lobo a perro fue tan lenta y progresiva que no puede precisarse con exactitud.
Perro y lobo pertenecen a la familia de los cánidos y casi todas las investigaciones coinciden en que uno proviene del otro. Hay ciertas razas de perros que tienen un parecido tal con el lobo que apenas podemos distinguirlos, como el caso del siberiano. Muchos comportamientos perrunos son exactos a los de los lobos. En su carácter y conducta social, no existen prácticamente diferencias.
Y volviendo al histórico encuentro... Lo que comenzó con una relación de conveniencia mutua, se convirtió luego en una sociedad de caza... hasta que por fin, el lobo transformado en perro, empezó a vivir en el campamento junto con el hombre. Dejó la manada de lobos y se integró a la familia humana. Dejó de ser un simple socio para transformarse en un amigo. Y la adaptación mutua fue tan profunda y verdadera que nació de ella una maravillosa historia de amor.
El amor que une al hombre y al perro se ha acentuado tanto con el tiempo, que hoy hablamos concretamente que nuestos perros son integrantes de la familia con deberes y derechos como cada uno de los demás. Y así fueron surgiendo (y seguirán...) nuevos códigos de convivencia y respeto mutuo en pos de una vida mejor.
Miremos a los ojos a nuestro perro... Detengámonos un instante a reflexionar sobre su genética, sus antepasados, su historia celular, su venida al mundo y por fin a nuestro hogar. Comprendámoslo... El es diferente a nosotros, no es homo sapiens, es canis familiaris. El amor nace, crece y se profundiza cuando sabemos comprender y aceptar las diferencias. Amémoslo por lo que él es, así como él nos ama a nosotros, por lo que somos.
Y no olvidemos que Dios nos puso en este planeta con un mandato, el de tener autoridad sobre toda la creación. Pero esa autoridad no debe ser autoritarismo, sino amor. El autoritarismo proviene del odio, el verdadero liderazgo es el que se genera desde el amor. Y el amor no daña a nadie, sino que bendice.
Cuidemos y amemos a nuestros perros como seres más débiles, no ignoremos que ellos dependen totalmente de nosotros. Somos los únicos que podemos proveerles para su subsistencia, y no me refiero sólo al alimento, al agua, al lugar abrigado para dormir, las vacunas y a la oportuna consulta veterinaria, sino a nuestra atención constante y amorosa. Recordemos que nosotros tenemos relaciones sociales, familiares, actividades fuera de casa, trabajo, proyectos... pero él... sólo nos tiene a nosotros.
Los hombres tenían sus asentamientos y los lobos merodeaban en los alrededores. Un día decidieron ir a cazar juntos. La cosa funcionó perfectamente. Otro día volvieron a ir, y otro día más... Compartían lo que cazaban. Se sentían bien juntos, ambos disfrutaban de la vida social... Después, cada uno se quedaba en su casa.
...Y así pasaron años y años y más años. Cada vez se iban entendiendo más. Cuando iban a cazar cada uno cumplía su rol a la perfección. A veces no hacía falta más que... no digo mirarse... ni eso siquiera. Solamente sintiendo al otro que estaba allí ya sabía cada uno qué debía hacer, cuándo y cómo. Formaban un dúo perfecto.
Y así fue como hombre y lobo constituyeron un excelente equipo de trabajo. El más fuerte dominó sobre el más débil, pero no por prepotencia, sino por medio del compañerismo, la solidaridad y el entendimiento mutuo.
Y al fin algunos lobos comenzaron a vivir en el campamento con los hombres. Tal vez al comienzo, las mujeres adoptaron cachorros y los criaron, y jugaban junto con sus niños. Con el paso del tiempo, y mediante el amansamiento de los lobos que se criaban con los hombres, se produjo la domesticación. Tengamos en cuenta que un animal se puede amansar, pero la domesticación de una especie es un proceso genético que lleva años.
Tras la domesticación vino el compartir otras tareas, no sólo la cacería, sino también la vigilancia del hogar, el pastoreo y otros trabajos más. Algunos dicen que que se lo comenzó a llamar perro durante el trabajo. Los pastores llamaban a los canidos que cuidaban a las ovejas con el sonido prrr , y de ahí se cree que proviene la palabra perro. Creo que la metamorfosis de lobo a perro fue tan lenta y progresiva que no puede precisarse con exactitud.
Perro y lobo pertenecen a la familia de los cánidos y casi todas las investigaciones coinciden en que uno proviene del otro. Hay ciertas razas de perros que tienen un parecido tal con el lobo que apenas podemos distinguirlos, como el caso del siberiano. Muchos comportamientos perrunos son exactos a los de los lobos. En su carácter y conducta social, no existen prácticamente diferencias.
Y volviendo al histórico encuentro... Lo que comenzó con una relación de conveniencia mutua, se convirtió luego en una sociedad de caza... hasta que por fin, el lobo transformado en perro, empezó a vivir en el campamento junto con el hombre. Dejó la manada de lobos y se integró a la familia humana. Dejó de ser un simple socio para transformarse en un amigo. Y la adaptación mutua fue tan profunda y verdadera que nació de ella una maravillosa historia de amor.
El amor que une al hombre y al perro se ha acentuado tanto con el tiempo, que hoy hablamos concretamente que nuestos perros son integrantes de la familia con deberes y derechos como cada uno de los demás. Y así fueron surgiendo (y seguirán...) nuevos códigos de convivencia y respeto mutuo en pos de una vida mejor.
Miremos a los ojos a nuestro perro... Detengámonos un instante a reflexionar sobre su genética, sus antepasados, su historia celular, su venida al mundo y por fin a nuestro hogar. Comprendámoslo... El es diferente a nosotros, no es homo sapiens, es canis familiaris. El amor nace, crece y se profundiza cuando sabemos comprender y aceptar las diferencias. Amémoslo por lo que él es, así como él nos ama a nosotros, por lo que somos.
Y no olvidemos que Dios nos puso en este planeta con un mandato, el de tener autoridad sobre toda la creación. Pero esa autoridad no debe ser autoritarismo, sino amor. El autoritarismo proviene del odio, el verdadero liderazgo es el que se genera desde el amor. Y el amor no daña a nadie, sino que bendice.
Cuidemos y amemos a nuestros perros como seres más débiles, no ignoremos que ellos dependen totalmente de nosotros. Somos los únicos que podemos proveerles para su subsistencia, y no me refiero sólo al alimento, al agua, al lugar abrigado para dormir, las vacunas y a la oportuna consulta veterinaria, sino a nuestra atención constante y amorosa. Recordemos que nosotros tenemos relaciones sociales, familiares, actividades fuera de casa, trabajo, proyectos... pero él... sólo nos tiene a nosotros.
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